
A un mes del cambio de administración, persisten el deterioro de la calzada y la falta de mantenimiento. La falta de obras estructurales vuelve a poner en discusión las responsabilidades de los gobiernos nacional y bonaerense.
La Ruta Nacional 188 sigue siendo una deuda pendiente para San Nicolás y toda la región. A un mes del inicio de la nueva concesión, el cambio de administración todavía no se traduce en mejoras generalizadas y los problemas de mantenimiento continúan preocupando a quienes transitan diariamente por el corredor.
El Gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, apuesta a un modelo de concesiones privadas para administrar y mantener las rutas. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿de qué sirve cambiar el sistema si los usuarios siguen encontrando una infraestructura deteriorada y sin soluciones de fondo?
La Ruta 188 es estratégica para la producción y el transporte de cargas. Su estado impacta directamente en la seguridad vial, la logística y la conexión entre distintas localidades. Por eso, no alcanza con anunciar cambios administrativos: hacen falta obras concretas, plazos definidos y controles efectivos sobre las obligaciones de la concesionaria.
Pero la responsabilidad política no termina en Nación. El Gobierno bonaerense de Axel Kicillof también debe reclamar respuestas y defender los intereses de los municipios afectados. Aunque se trata de una ruta nacional, la Provincia no puede permanecer al margen de un problema que repercute sobre la producción y la seguridad de miles de bonaerenses.
El nuevo esquema de concesión tampoco puede convertirse en una excusa para que el Estado se desentienda. La empresa debe cumplir con sus obligaciones y las autoridades nacionales tienen que fiscalizar que las mejoras prometidas se concreten.
A un mes del cambio, las preguntas siguen siendo las mismas: cuándo comenzarán las obras, cuáles serán las prioridades y quién garantizará que se cumplan los plazos.
Mientras Nación defiende su modelo de gestión y Provincia mantiene el desafío de exigir respuestas, los usuarios continúan esperando una ruta segura. Porque cambiar de concesionario no alcanza si el deterioro sigue presente y las soluciones no llegan.
